Kamelot - (2001) Karma


por: Innuendo

     Bueno, ladies & gentlemen, necesitamos un cambio de aires, así que me apetece variar un poco. Vamos a sumergirnos en un fantástico disco, que es el Karma de Kamelot. Finales de los 90, principios del siglo XXI: el heavy metal soportaba la invasión del “powa” metal de corte europeo, un sinfín de bandas, viejas y nuevas, hacían su agosto con el renacer del género, las canciones épicas y heroicas y un público ansioso de espada y brujería a ritmo de doble bombo. Eran los años de gloria del Mandrake de Edguy, del Nightfall in Middle-Earth de Blind Guardian, de At Vance, de Stratovarius -estos ya con más kilómetros a principios de 2000- de nuestros Avalanch del Ángel Caído, Gamma Ray a su rollo con el mismo disco de siempre.... 


     La verdad es que parece sorprendente que ya a solo 2012 podamos mirar aquella etapa con más perspectiva y distanciamiento. Diga lo que diga la Fonvella, el tiempo y los años pasan. Hay que reconocer que al calor de grupos que manejaban con precisión técnica e inspiración las melodías progresivas, sinfónicas y neoclásicas, surgió una cohorte de auténtica basura que se movía alrededor del género, apestándolo cada vez más con fanfarria powermetalera barata, hasta que muchos fans le dieron la espalda al género, lo que también se explica por el cansancio acumulado de tanto gallito medieval, del excesivo estancamiento del estilo y, supongo, o al menos mi caso es, por la imposibilidad de separar el grano de la paja. El power metal europeo es un subgénero musical muy maltratado por los propios heavies. Por lo menos el power metal europeo de calidad, que lo hay. 

     No creo que descubra nada nuevo si digo que Kamelot es uno de los mejores grupos de power metal que dominó la escena por aquellos años. La verdad es que es un grupo que conozco a salto de mata, es decir, solamente discos sueltos, en parte por los cambios de estilo que han manejado. Con Karma, que vio la luz en 2001, Kamelot daba el giro a lo que podría etiquetarse power metal melódico, incorporando con más nitidez los elementos más característicos del género: ritmos pegadizos, doble bombo, riffs rápidos, mucha épica -en este caso no como pauta general- y melodías con mucha influencia de la música clásica. Al Karma de Kamelot hay que añadirle algunos aspectos “modernos” en la producción, estando el sonido aderezado de esos samples que aprecen aquí y allá en algunas canciones. 

     Por lo demás, la etiqueta de “power metal melódico” puede ser difícil de definir técnicamente pero expresa muy bien cómo diferenciar este subestilo del power metal europeo primigenio, más machaca y felizón y con menos cuidado por la composición. Aquí tenemos más comedimiento en cuanto a la velocidad, más exquisitez compositiva y una atmósfera tirando a triste y existencialista incluso en las canciones más aceleradas.

     Tras la intro instrumental propia de una película fantasía épica medieval, empieza el disco con un apoteósico "Forever". Aprovecho la ocasión para mirar la Wikipedia y me entero de que la canción está basada en una composición de música clásica de un señor de Noruega. No me extraña, ya que Kamelot, pese a ser americanos, tenían por aquellas fechas un cantante noruego, Roy Khan, que por cierto es, como sabéis, el más famoso de cuantos pasaron por la formación y el que les dió su sello más definido, ya que no solo contribuyó poniendo su magnífica voz, sino que aportó lo suyo en las canciones. Un himno sucede a otro, y así nos encontramos con "Wings of Despair", aún con más garra que la anterior, otra típica pieza de power metal a piñón, pero con calidad a raudales y enorme clase. 


     Momento para el medio tiempo con "The Spell", una genial canción de temática evasiva con unas armonías vocales logradísimas, muy bien ambientada con los teclados y bastante adictiva. Tras ella llegamos a unos de los momentos grandes del disco, con la muy conocida "Don't You Cry", una balada realmente angelical en las voces, acompañada por la guitarra clásica y un cuarteto de cuerdas, dedicada al fallecido padre de Thomas Youngblood, guitarrista y miembro fundador de Kamelot. Nos hemos quedado realmente sobrecogidos, así que necesitamos a la canción homónima, "Karma", para romper el hechizo, en este caso con un tema que nos habla de un rey que está a punto de espicharla, y al final de su vida recuerda el mal que ha hecho. Quizá estamos ante la versión más melódica posible del LP, con esas ambientaciones tan peculiares y la presencia de teclados y el piano muy pronunciado sobre las guitarras y el bajo. A ella le sigue "The Light I Shine On You", con el que volvemos a la velocidad, tal vez de la mano de la canción más convencional del disco, pero que no desmerece tampoco frente a las anteriores. 

     Otra de mis canciones favoritas es "Temples of Gold", un medio tiempo baladero sinuoso con ambientación oriental. Me encanta la forma en que evoluciona la canción, en la que Roy Khan demuestra estar en uno de sus momentos más inspirados de este trabajo. Con ello empieza la espectacular traca final de Karma, ya que justo después llega "Across The Highlands", un temazo con el que nos ponemos realmente “bravehearts”. Espectacular el ataque y la pegada de la canción y como evoluciona con ese puente inquietante hasta desembocar en un estribillo que nos hace elevar la vista a los cielos en plena batalla.  

     Y nos despedimos con la trilogía fantástica dedicada a la condesa "Elizabeth Bathory". Esto es para quitarse el sombrero no, es para quedarse en pelotas, vaya. Kamelot explora aquí su faceta más progresiva. La verdad es que conociendo la historia de la susodicha la ambientación sonora llega a producir escalofríos. Que por cierto, Kamelot suele estar asociado por lo menos en sus inicios, con los Queensrÿche más progresivos, y aquí no podemos decir que se parezca, pero algo de eso sí tenemos, o a mí me lo parece.


     Me ha gustado: Gusto y clase en la composición. Cuidado exquisito en la producción. Khan se sale en este disco. Logra ponerme los pelos de punta en más de tres ocasiones. Especialmente indicado para pusilánimes. Heavies con olor a sobaco y cinturones de balas cruzados sobre la pechuga, mantened vuestras sucias manos alejadas de esta obra de arte.

     No me ha gustado: me parece una gilipollez dejar silencio al final de los discos, esto es lo que ocurre al final de “Elizabeth III”, en cuanto se calle la canción parad el disco, o bien pasad de canción, ya que la versión americana viene de serie con una versión en francés de "Don't You Cry", llamada “No Pleure Pas”, ideal para aprender idiomas. La edición japonesa viene con otra canción llamada “Once and Future King” que la verdad no la conozco y pienso hacerlo aprovechando que rescatamos el disco. Aparte de esa pequeña pega, el disco es impecable. 

     No te pierdas: ni una sola canción.

Comentarios