Helloween - (1987) Keeper of the Seven Keys: Part I

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por: Innuendo

Llega el momento. El disco que en el fondo todos estábamos esperando. Era febrero de 1987 y veía la luz el que puede ser tenido como el disco más mítico de Helloween: Keeper of the Seven Keys Part 1. Igual de mítico en realidad que la segunda parte... con la diferencia de que esta llegó primero, y por eso suele acudir más frecuentemente a la mente como referencia clave.



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No solo estamos ante el que para la mayoría es el mejor disco de Helloween, sino que, más allá de eso, integraría fácilmente cualquier top10 intuitivo de imprescindibles del heavy metal de la Historia. Personalmente, prefiero con mucho el Keeper 2, pero eso es más por experiencia personal que otra cosa. Tampoco tiene mucho sentido distinguir entre dos discazos que son clásicos impepinables de todos los tiempos, entre otras cosas, porque los Keepers fueron pensados como un disco doble. La compañía, Noise Records, dijo que de eso nada, y entonces se dividió el lanzamiento en dos partes. De todas formas, no cabe duda de que la Parte 1 es “Hanseniana” y la Parte 2 fue más “Weikathiana”. Pero de la parte 2 ya hablaremos en otro momento.

La historia de este disco y sus circunstancias se ha contado tantas veces que, francamente, da pereza repetirla. Pero en fin, por resumir un poco... en 1986, Kai Hansen, durante la gira de Walls of Jericho, llegó a la conclusión de que no podía cantar y tocar la guitarra al mismo tiempo: era complicado y agotador. Además, tanto a él como a Weikath les apetecía tener un auténtico frontman. De hecho, una referencia para el tipo de frontman que querían era Geoff Tate de Queensrÿche. Qué casualidad, Markus Grosskopf pensó que un chaval de 18 años que conocía, y que se parecía mucho cantando a Tate, llamado Michael Kiske, sería perfecto para el puesto. Así que acudió a un ensayo de su banda, que se llamaba “III Prophecy”, y allí le propusó el puesto de vocalista en Helloween, a lo que el futuro Joselito del Metal dijo que no. Entonces Helloween acude a Ralph Scheepers, pero este también se niega, porque, en aquellos tiempos, pensó que se iba a comer el mundo con su banda. Total, que Michael Weikath llama por teléfono a Kiske y, esta vez, él acepta.

Con esto se inaugura el MkII de Helloween, el más glorioso de cuantos ha habido, y que representa a su época dorada:

Michael Kiske: Voz
Kai Hansen y Michael Weikath: Guitarras
Markus Grosskopf: bajo
Ingo Schwichtenberg: batería

Además de aceptar el puesto de vocalista, Kiske se trajo bajo el brazo unas cuantas canciones suyas, una de las cuáles acabó formando parte de Keeper of the Seven Keys, Part 1. En concreto se trata de “A Little Time”, una canción muy vitalista, y single nato (aunque relamente fue solo cara B del single de “Future World”), que se convertiría en un clásico instantáneo.


Pero vayamos por partes. En general, el Keeper 1 trajo muchas novedades respecto al sonido anterior. De hecho era casi una ruptura con Walls of Jericho. Nada más arrancar el disco a toda velocidad, con el cañonazo “I'm Alive” -tras la intro “Initiation”-, ya se podía ver que esto era diferente, pero que era muy muy bueno. Los principales cambios puede decirse que fueron: una producción impecable, el abandono del ramalazo más thrashero del Walls, a favor de un sonido menos saturado y más “optimista” y, por supuesto, el cambio en la voz. Michel Kiske cantaba como los ángeles, con una versatilidad y una capacidad de llegar a los tonos altos verdaderamente sorprendente. Es cierto que se parecía mucho, para algunos demasiado, a Geoff Tate. Y también es verdad que Kiske no esconde que Tate fue una de sus principales influencias. Sea como sea, creo que no puede negarse que es uno de los mejores vocalistas del heavy metal. Para mí, Kiske superaba a Tate, pero bueno, eso es cuestión también de cada cuál.

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La mejor producción trajo consigo una nítida distinción entre cada instrumento, con lo que podía escucharse mucho mejor la base rítmica, y especialmente el doble bombo de Ingo, que nos llevaría cabalgando velozmente por temazos como “Twilight of The Gods” o “I'm Alive”. Si a eso se añaden fraseos de guitarra épicos y optimistas, pues tenemos ya la base de eso que luego resultó llamarse “power metal europeo”, para distinguirlo del genuino power metal americano de principios de los 80.

Compositivamente, es un disco en el que prácticamente todo el peso recayó en Kai Hansen (con alguna excepción notable, una de ellas “A Little Time”, compuesta como hemos dicho por Michael Kiske). Weikath, en cambio, solo compuso una canción... ahora bien, vaya canción: estamos hablando nada más y nada menos que del baladón “A Tale that Wasn't Right”, para muchos la mejor balada del combo teutón. Sobran las palabras y es mejor dejar que la emoción nos lleve, no importa cuántas veces nos pinchemos el tema.

Como sabemos, los términos se invertirían en el siguiente Keeper, con más peso de Weikath. Aunque en el caso de esta primera parte, al poco protagonismo compositivo de Weikath, se añadió el problema de que no pudo ni siquiera tocar debido a estrés y otros bloqueos mentales. Así que todas las guitarras rítmicas de este disco las grabaron entre Kai Hansen y Tommy Newton, quien coproducía el disco junto a Tommy Hansen. Sin duda que este es el disco “menos Weikath” de la historia del grupo.


Volviendo al contenido del disco, capítulo aparte merece la canción “Halloween”, ya que ocupaba un tercio del primer Keeper, con sus 13 minutos y pico de duración. Casi una ópera-rock sobre la famosa fiesta de las calabazas y los disfraces, donde además se escuchan los momentos más heavies de todo el disco. Es la única canción en la que puede percibirse todavía algo de la oscuridad y el ocultismo que tanto dijo odiar Kiske con posterioridad. De esta canción se sacó un single, aunque capado para la ocasión casi en dos tercios, ya que se acortó a los cinco minutos de duración, la funda interior de este single contenía un dibujo de una chica saltando la calabaza, que se había olvidado de ponerse la ropa interior ese día.


Otro de esos temas imperecederos de este disco es sin duda “Future World”, que además de ser un clásico como la copa de un pino, metía sonidos de “ruiditos” que empezaban a poner de manifiesto esa faceta cachonda de Helloween que luego exhibieron en otras canciones posteriores ("Rise and Fall" me viene ahora a la mente por lo mismo). De “Future World” se sacó otro single en abril de 1987. En el single se decidió meter una regrabación de “Starlight”, muy probablemente con la idea de testear el potencial de Kiske con las canciones anteriores del grupo, grabadas con la voz de Hansen. Además, el single traía otra cara B: una versión reducida de “A Little Time”, básicamente quitándole los ruiditos de relojes y demás que sonaban en la original.

Continuará...



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MIENTRAS TANTO EN LA FAMILIA HELLOWEEN:
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-1987: Finished With The Dogs de Holy Moses. Disco de thrash metal bastante bestial y agresivo con algunas dosis de crossover. Un buen disco para conocer a Uli Kusch reventando los parches. Y ojo a navegantes, que la vocalista es una mujer.
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