Iron Maiden - (1980) Iron Maiden

Iron-Maiden-1980-Iron-Maiden
por: Jalbreaker

Y ahí estaba Steve Harris, después de decidir que pasaba de jugar al futbol en el West Ham United,  y como a él lo que le gustaba era apuntar a la gente de forma amenazante con su bajo se dijo: qué coño tanto punk y tanta ostia, voy a pasear la NWOBHM y me voy a comer el mundo..., pero aún le quedaba bastante curro por delante.
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Después de 10 meses tocando de forma autodidacta, e inspirado por grupos como UFO, Thin Lizzy, Deep Purple, Black Sabbath o Jethro Tull o Wishbone Ash, estaba listo para integrarse en un grupo, Influence, que luego se convertirían en Gypsy's Kiss, aunque la idea no le acabó de convencer y decidió mandarlos a carajo y unirse a Smiler, pero eran demasiado lloricas y el material de Steve les parecía demasiado complejo, así que se pira a su bola, con cabalgueos de bajo y guitarras dobladas navegando por su mente dispuestas a ser plasmadas en un nuevo proyecto, es la navidad de 1975 y nace Iron Maiden.

Pero no fue hasta 1979 cuando Iron Maiden firmó su primer contrato discográfico con EMI, unas semanas antes de grabar el disco, Paul DiAnno era detenido la tarde antes de un concierto y Steve, lejos de cancelar la actuación, se puso el bombín por montera tocando el bajo y cantando siendo la única vez en la historia Maideniana que ha sucedido algo por el estilo. Era la segunda vez que Rod Smallwood iba a verlos, en la primera se canceló la actuación, pero en esta segunda el empuje de Harris le impresionó tanto. que viendo la pitera del mocete se ofreció inmediatamente para ser su manager, y maqueta va maqueta viene como tío competente que era, no solo les propuso lanzar el EP The Soundhouse Tapes, sino que además logra convencer a Brian Shepherd, presidente de EMI, para asistir al concierto que la banda daría en el Club Marquee. Un concierto según "el chairman" electrizante que les catapultó a la gloria, con lo que Steve Harris, Paul Di'Anno, Dave Murray, y los recién incorporados Dennis Stratton y Clive Burr estaban preparados y listos para grabar el disco que marcaría el inicio de una leyenda, y una pieza clave para entender la música que nos la pone gord... bueno, que nos emociona.

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Y así se enzarzan en la grabación sin mucha suerte, con un tal Guy Edwards que les hace un cagarro de sonido y al que sustituye Andy Scott, listopín de turno que intenta presionar a la postre uno de los bajistas más influyentes de la historia para tocar con púa... obviamente el señor se va con sus intenciones a la real mierda (la Royal Shit) y acaban con Will Malone, que en trece días se ventila el asunto mientras lee el periódico y fuma puros, aunque a pesar de facturar algo tan mítico el señor Harris no queda contento pero oye, es lo que hay y no estamos pa elegir se diría, y aunque a día de hoy le sigue echando mierda a la producción a nosotros ese rollo de garaje sucio y algo punk, con parte de la personalidad que todavía estaba por explotar, tiene un encanto que hace del disco algo irrepetible, tanto como para alcanzar en la primera semana el nº4 en el UK Albums Chart, que no es moco de pavo oye.


Con los preliminares presentados podemos ir directamente al turrón, darle al play y empezar a gozar. Empieza sonar "Prowler", la reina indiscutible de la lista del mítico DJ de la NWOBHM Neil Kay, con la que enloquecía a la parroquia en su no menos mítico garito The Heavy Metal Soundhouse. Su riff seco y su solista afilada nos introducimos en la mente de nuestro "merodeador", acechando a las mozas en la noche con a saber qué perversas intenciones, reventándonos con un solo para enmarcar y la subida de ritmo posterior... jodidamente mítico.

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"Sanctuary" no fue incluida en la primera edición europea del debut del grupo sino que se introdujo en su versión americana para presentar algún tema nuevo, aunque ya había salido previamente en la recopilación de grupos emergentes de la NWOBHM Metal for Muthas. Un tema eminentemente punk, para un perturbado personaje que busca refugiarse de la ley.

"Remember Tomorrow" desnuda a los viejos Maiden, una balada en honor al abuelo de Paul de carácter lenta y melancólica, con retazos desgarradores que dan un vuelco delirante en el solo. Y llega el primer single de Maiden, a golpe de batería nos metemos en las calles de L.A., entre juerga y calabozo, coreando eso de "I'm running Freeeeeee, I'm running free", estribillo repetido hasta la médula para grabarse a fuego en la quijotera, y por supuesto uno de los himnos inmortales durante décadas en los setlist. Decir que vendió más de 10.000 copias en su primera semana y entró en las listas británicas en el número 44 cuando a Iron Maiden los conocían en su casa es mucho decir.


Después de la simpleza efectiva de "Running Free" llega la elaboración de "Phantom of the Opera", una joya que el tiempo ha relegado a una discreta segunda línea tras la retahíla de clásicos que vinieron después, pero que aún sigue siendo el tema favorito de buena parte de la legión de fans de Maiden, con un fraseo de guitarra inovidable reforzado por el bajo, a lo que se suma un buen surtido de melodías y cambios de ritmo a cada cual más sorprendente, profundizando en la locura de la mente de este Fantasma de la Ópera hecho canción.

Pasa como un ciclón "Transylvania", riff taladrante en la primera incursión instrumental de la banda que nos vuela la cabeza cuando se desata a partir del 1:35, toda una joya que desemboca en una tranquila "Strange World", baladita de corte acústico para bajar la adrenalina y allanarle el terreno a "Iron Maiden", otro riff que se incrusta en la cabeza para recordarnos la icónica herramienta de tortura medieval, "La Doncella de Hierro", y cómo no tema estandarte del grupo que  todavía pervive en sus conciertos, a pesar de ser uno de los más punks de su carrera.



Con ésto cerramos el primer pasito en la carrera de los Maiden, pero no sin antes remarcar el tercer single de la época que no entró en el LP, tal vez por ser demasiado simplona, una gran versión del "Women in Uniform" de los Skyhooks (cosa que servidor acaba de descubrir pululando por Google,) que les supuso la grabación de su primer videoclip y una rotura de nariz al actor que encarnaba a Eddie al golpearse con la cámara en la escena de la cama del hospital.

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