Helloween - (1988) The Keeper of the Seven Keys: Part II

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por: Innuendo

Junio de 1988. Fecha de lanzamiento de la gloriosa, apotéosica y clásica segunda parte de Keeper of the Seven Keys. Casi año y medio después de la edición del primer Keeper, sin embargo, muchas cosas habían pasado. Pero al final lo que cuenta es la música, que es la que persiste en el tiempo y en nuestras orejas. Porque vaya disco. Casi no sabría por donde empezar, a salvo decir que no tiene ni un segundo de desperdicio, lo mismo que le pasaba a su predecesor.

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El Keeper 2 es el disco del buen rollo. El heavy feliz, el heavy cargado de buenas vibraciones. Tiene tantas buenas melodías dentro que puede decirse que todos los compositores del disco (vamos, Weikath, Hansen y Kiske) derrocharon generosidad en beneficio de nuestros oídos. Para muchos, entre los que me cuento, es el mejor disco que nunca hicieron los alemanes. En fin, que este disco me ha deparado tan buenos momentos que no puedo ser objetivo con él. Así que esta crítica será bastante subjetiva.

Qué decir del comienzo del disco, con esa orquestación de “Invitation”, que es carta de presentación magistral para “Eagle Fly Free”, un himno épico y veloz, y que contiene un estribillo de los que hacen historia, con un Kiske desbordante. Para mí hay como una línea fronteriza entre esas dos primeras pistas y el resto del disco, porque la sensación que me dejó este comienzo fue tal que no podía dejar de escucharlo una y otra vez, como si esos dos temas ganaran independencia del resto. Aunque vaya resto. Si en el Keeper 1 el peso cayó, como ya hemos visto, en Kai Hansen, en esta segunda parte sería Weikath el que llevaría, mayormente, la batuta. A él pertenecen el himno inmortal que es “Eagle Fly Free”; la épica progresiva exquisita de “Keeper of the Seven Keys”, que fue el homólogo de “Halloween”, es decir, el tema largo de esta segunda parte de la saga Keepers; y, en fin, canciones cachondas y divertidas como “Dr. Stein” o “Rise and Fall”, que han sabido trascender esa faceta cómica para convertirse en clásicos imprescindibles de la banda, especialmente el primero. De "Dr Stein" he leído la anécdota de que se hizo una primera demo de ella con Hansen a las voces. Además, parecía tener un estilo muy cercano a los Judas Priest, mucho más dura. Cuentan que Hansen se llevó un mal rato cuando vio en lo que la habían convertido entre Weikath y Kiske. Y es que será la canción más happy que encontremos en el disco, que ya es decir.


"Keeper of the Seven Keys" merece que le dediquemos nuestro tiempo ya que es el tema largo del disco, con trece minutos y pico de duración. Ahonda todavía más en esa faceta progresiva que ya dejaba entreverse en "Halloween", con progresiones espectaculares y cambios sorprendentes casi cada dos minutos. Sin embargo es diferente en el tono, ya que pasa de la oscuridad de "Halloween" a lo luminoso. Es un tema con una historia que, como ya dije al hilo de la portada del Keeper 1, se me antoja un poco como "fantasía tuti fruti", sin mucha definición. Nuestro protagonista, aparentemente el encapuchado, va tirando las siete llaves en cada uno de los siete mares: el mar del miedo, el mar del odio y así sucesivamente. Todo esto va produciendo una especie de apoteosis con volcanes escupiendo lava y demás cosas del palo, pero sin duda lo mejor es quedarse con la música. A ratos, se me antoja muy próximo en estilo a Seventh Son of A Seventh Son de Iron Maiden, que curiosamente se editó en ese mismo año.

Kiske por su parte participaría en la composición de la parte más sentida y solemne del disco, con “You Always Walk Alone” y “We Got The Right”. Y vaya melodías que deja para la posteridad el joven Kiske en esos dos temas. Bueno, en esos dos temas y en todo el disco, porque la verdad es que está espectacular en cada nota. Finalmente está Kai Hansen, autor de la también melancólica, pero rápida, “March of Time”, que hoy día sería metida sin pestañear en eso que se llama “power metal melódico”, y de otro tema histórico, aunque directo y simple: “I Want Out”, que para el propio Hansen sería premonitorio de su posterior salida de la banda. Porque detrás de toda esta felicidad había ya mal rollo entre bambalinas. En esto se puede resumir el disco, aunque claro, hay todavía más. Vamos por orden, porque hay bastante que contar.


El Keepers 2 salió al mercado en junio de 1988, aunque a España llegó más tarde por problemas con la distribuidora de Noise Records. Se cuenta que la distribución del Keeper 2 fue un desastre en España y en Italia, hasta el punto de que Helloween llegó a tocar en esos dos países sin que el público hubiera oído todavía el nuevo disco que promocionaban.

Como promoción del disco, había salido el single de “Dr. Stein”, que presentaba dicho tema, junto con otras canciones descartadas para el LP. Esas “caras B” eran: “Savage”, un tema potente creado por Kiske para burlarse del thrash metal, pero que sin embargo tuvo mucha aceptación; “Livin' Ain't No Crime”, que es una canción que va en la onda de “Dr. Stein”, es decir, melodía facilona y alegre para corear borracho en la barra del bar (sin que eso tenga sentido peyorativo, ojo); y, por último, y solo en algunas versiones de ese single, el remake de “Victim of Fate”, ahora con la voz de Michael Kiske.

Es curioso lo de “Savage” también por el hecho de que a Helloween les tocó abrir en esos tiempos para bandas de thrash. En una estrategia de promoción que tanto Kiske como Weikath odiaban, les ponían de teloneros de Overkill, Exodus y ese tipo de grupos de los que se sentían en las antípodas musicalmente hablando, pero sobre todo en actitud.

El segundo single sacado para la ocasión fue “I Want Out”, que también traía caras B de regalo: una es un descarte de las canciones de Kiske, la optimista “Don't Run For Cover”, y la otra es “Save Us”, el absoluto pepinazo de la época. Una auténtica bola de demolición de Kai Hansen que tampoco entró en el tracklist de todas las ediciones del Keeper 2. Sé que viene en algunas (según cuentan, bien en el track 7, bien después del cierre con “Keeper of the Seven Keys”), pero en mi copia pirata en cinta no estaba.

De “I Want Out” se hizo, por cierto, el segundo vídeo de la banda. Ya que Helloween pasaba por Pamplona para hacer una fecha en el Monster of Rock del 88 (y joder, vaya Monster of Rock el de ese año), aprovecharon para grabar el vídeo allí mismo.

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Pero no todo era felicidad. La banda por dentro sufría no pocas tensiones. Básicamente, y según dicen los mentideros de por ahí, había dos bandos dentro de Helloween, el bloque clásico, que eran Markus, Ingo y Kai, que solo querían hacer heavy, y los adalides del cambio, Kiske y Weikath, que a la vez se peleaban entre sí por cosas como qué canción llevaba intro orquestal, si "We Got The Right" o "Eagle Fly Free". Kai Hansen, en fin, tenía tres problemas: uno, había acabado agotado de la gira del primer Keeper y cayó enfermo en la del Keeper 2. Quería dejar de girar un año entero si hacía falta para descansar, algo que la maquinaria del Keeper 2 no permitía; dos, la experimentación le parecía muy bien, pero quería “metal” por todas partes, y de eso se distanciaban Weikath y Kiske ostensiblemente; tres, la falta de madurez de Kai Hansen para asumir el éxito. No soportaba salir en las portadas del Bravo junto a Europe y Bon Jovi.

Weikath ya preparaba el relevo, porque en el fondo tenía pelusa de Kai Hansen, porque se veía venir su abandono o, seguramente, por ambas cosas a la vez. Ya en verano del 88 y con Kai todavía en la banda, Weikath llamó a un mecánico de coches llamado Roland Grapow. Se trataba de un vecino de Hamburgo que había sido una leyenda local debido a dos discos que había sacado a comienzos de los 80 con una banda, ya disuelta, llamada Rampage. Por supuesto Roland Grapow no había oído hablar de Helloween pero Weikath le recordaba todavía de esa banda (como dice Yngwie Malmsteen: “You don't Remember, I'll Never Forget”). Acordaron que Grapow se uniría al grupo en cuanto Hansen hiciese oficial su marcha de Helloween. En realidad no esperarían ni siquiera a que eso ocurriera, ya que Grapow fue miembro oficial de Helloween en las navidades del 88. El mismo 1 de enero de 1989, Hansen abandona Helloween, de forma que a Roland Grapow le tocó acabar la gira del Keepers 2, dando todo ello lugar al Mk III de la célebre banda:

Michael Kiske: voz
Michael Weikath y Roland Grapow: guitarras
Ingo Schwichtenberg: batería
Markus Grosskopf: bajo

Helloween había ganado para entonces muchísima popularidad, el vídeo de "Halloween" fue la punta de lanza del éxito de su éxito en los USA, pero la verdad es que el mercado americano se abriría definitivamente a los alemanes con el Keepers 2. Y con ello seguirían giras largas y discos de oro, el clásico Live In The UK... Pero ya nada sería lo mismo. La etapa dorada de Helloween acababa y empezaba un nuevo camino bastante errático musicalmente y lleno de problemas. Pero de eso ya hablaremos en su momento.



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MIENTRAS TANTO EN LA FAMILIA HELLOWEEN:
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Stefan Schwarzmann salta de clásico en clásico y tiro porque me toca: graba Port Royal de Running Wild (1988). Lejos de figurar como batería-mercenario-bestiajo, participa en buena parte de la composición de los temas del que puede que sea el disco más mítico de los piratas. Después abandona Running Wild y se pasa a UDO, grabando el segundo disco de Udo en solitario, Mean Machine (1989). Otro discazo.

Uli Kusch graba el que sería su penúltimo disco con Holy Moses: The Great Machine of Liechtenstein (1988). Un buen y asequible disco de thrash, mucho más técnico y un punto menos agresivo que el anterior. Pero pronto sentiría la llamada del amigo Kai a Gamma Ray.

Andi Deris: 1989, debut del disco homónimo de Pink Cream 69, discazo de heavy rock en el que ya daba muestras de su arrolladora personalidad a la voz, la que acabaría trayéndose a Helloween más tarde. Su compañero de fatigas al bajo: un tejano llamado Dennis Ward. No es de la familia pero acabaría desembarcando en Place Vendome y Unisonic, entre otros.

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