Steeltower - (1984) Night of the Dog


Steeltower-1984-Night-of-the-Dog

por: Jalbreaker

Pues rondándome la idea de hacer un recorrido por la historia de Heavens Gate, cuando iba a comenzar a escribir la reseña para su debut, recordé que el germen de los teutones se forjó en una banda previa de nombre Steeltower, donde Thomas Rettke se pateaba los clubs germanos junto a Manni Jordan y Thorsten Müller, bajo y batería respectivamente que acompañarían a Thomas en su andadura posterior con los Heavens Gate.

Steeltower-1984-IThomas Rettke siempre me pareció una de las mejores gargantas que dió el género, su deslumbrante interpretación en el mítico Livin' in Hysteria le posicionó a la altura de los mejores, obviamente no en nivel de popularidad, ya que eso es otro tema, pero sí en cuanto a nivel de capacidad y versatilidad, un aventajado discípulo de Halford con la suficiente personalidad para no quedar relegado a ser un simple clon.

Steeltower es realmente la segunda banda "conocida" de Rettke, empezó en el '78 cantando y tocando la batería en otra banda llamada String Eyes junto a los guitarristas que acabaron tocando en este disco, Ingo Millek y Bernd Kaufholz, aunque poco se sabe de dicho grupo. Publicaron un single al parecer en 1981 llamado Nightmare Over You del que se imprimieron mil copias y poco más, dificilísimo de encontrar y que no he podido llegar a escuchar, lo siguiente que se sabe es que en 1982 nació Steeltower. Con una produción más que digna para un disco debut y más del año en que estamos hablando, Night of the Dog es un delicioso cocktail que te sumerge en diferentes ambientes, dede el obvio Metal Alemán hasta el Hard Rock Americano, con una fuerte base NWOBHM, un disco crudo y directo que puede cuajar con facilidad en cualquier seguidor del Heavy Metal de principios de los 80's.


Bajamos entonces al underground ochentero, y tras una maléfica y demoníaca "Intro" nos llevamos de lleno el primer bofetón en la cara, "Night of the Dog", toda una tormenta sónica deudora del "Fast as a Shark" de su compatriotas Accept, una base rítmica apisonando los oídos entre los aullidos en el estribillo de Rettke. "Hell and Fire" viaja directa a la New Wave, con un riff magnífico que se para en seco para ceder el protagonismo a la voz y batería, buenísimas estrofas aderezadas con explosiones que culminan en un estribillo algo simple, aunque acaba entrando de pura reiteración.

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"Save My Life" es un medio tiempo que comienza con un riff intrigante, de esos de acechar en la noche, y se torna extrañamente radiable con un Rettke muy bestia alcanzando unos tonos altísimos, especialmente en los gritos al final del segundo estribillo. Vuelven a la carga con un genial riff al más puro estilo New Wave con "Angel's Devil", que da paso a un discreto "Gotta Believe no Angel", ritmo pausado sin mucho misterio que me resulta de lo más sosainas del disco, para qué engañarnos.

Todo eso da igual porque llega otro de los temazos del disco: "Break the Law", con Judas Priest en el retrovisor, ya no sólo por el título, sino que las guitarras del estribillo recuerdan bastante a "Hell Bent for Leather". Por lo demás, un esttribillazo furioso que incita a alterar el orden público. Y si lo que queremos es variedad, viene "Powerdrive" con un rollete americano de nuevo a ponerle el punto radiable al disco. Es curioso este contrapunto entre temas, no es que me emocione cuando suenan más radiables pero ciertamente hacen el disco muy digerible, lo cual es algo que hecho en falta en los discos de hoy día.


Un delicado arpegio nos presenta "Bring Up the Night" con el "Stairway to Heaven" de los Zepp en el punto de mira, al menos durante el primer minuto que dura la calma, porque cuando irrumpen las guitarras y Rettke entonando las estrofas con mucha rabia es una puta maravilla, esas atmósferas tan trabajadas que van de cero a cien en dos segundos siempre me han encandilado. Y para cerrar con el espíritu bien alto nos despedimos con un cañero "Devil's Dreamer", buen tema que en cuanto termina te hacen darte cuenta de lo rápido que se te han pasado los últimos 35 minutos, y que necesitas volver a escuchar el disco una vez más.

Y hasta aquí este debut discográfico de Thomas Rettke: músicos solventes, influencias muy  disfrutables, y vocalmente un diamante en bruto todavía sin pulir, pero que llegaría más que rodado al debut de Heavens Gate, In Control, aunque eso ya lo dejamos para otro día.

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